“Los comienzos en el baile: ¡que nervios!”

Todos escondemos nuestros fallos, miedos y errores, pero hoy pensé que sería bueno sacarlos a la luz, pues quizá sirvan de motivación a otros en sus comienzos en el baile.

Me encantaría decir que todas y cada una de las veces que he bailado, he disfrutado la experiencia, pero no es así. La pura realidad es que en los comienzos la mayoría de las veces que subía al escenario no era un placer sino más bien un sufrimiento. El placer venía luego, cuando la sangre regresaba a mis piernas después del susto que había pasado.

Las primeras veces que subí a un escenario recuerdo haber sentido un hormigueo por la barriga, que bajaba por mis piernas y las dejaba como dos flanes. Estoy segura de que muchos de vosotros habréis experimentado sensaciones similares. No es fácil subir al escenario y enfrentarte al público.

No fue hasta la decimoquinta o decimosexta vez, cuando por fin pude disfrutar de lo que ocurría y transcurría durante el tiempo de la actuación.

La mente a veces juega malas pasadas y la falta de autoestima ni que decir….

Hay que tener una buena dosis de ego para ponerse frente a un público que la mayoría de las veces va más a juzgar que a disfrutar.

El público

Es lo malo de los comienzos, cuando ya tienes un nombre y un reconocimiento artístico, el público va a verte con la predisposición al aplauso, incluso si lo haces mal, porque dan por hecho que vas a hacer algo de buena calidad, aunque se dé el caso de que ese día no sea así.

En cambio, cuando eres aún un desconocido a nivel mediático, ese mismo público lleva consigo una actitud algo más inquisidora: “veamos que nos ofrece éste o ésta…”

Lo cierto es que la reacción del público probablemente dependa más del estado anímico del propio espectador que de lo que en realidad pueda ofrecer el artista.

Un artista reconocido podría rascarse la barriga, figurativamente, es decir, hacer un espectáculo mediocre y el público se pondría igualmente en pie.

Sin embargo, un artista aún desconocido podría hacer el pino con las orejas y con suerte obtendría un aplauso digno.

Por eso los comienzos en el baile son tan duros, pero como todo en la vida hay que pagar el precio del aprendizaje.

Yo aprendí de mis errores como todo el mundo y sufrí mis vergüenzas en el escenario.

Si queréis saber una divertida anécdota de mis comienzos, no dejéis de visitar el Blog y leed mi próxima publicación. ¡Estad atentos!

 

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